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La vaca Rosenda

Rosenda es una pequeña vaca que pasta en el prado que avecina con la casa de Doña Inés. Esta vecindad ha compuesto un curioso binomio entre la vaca y la mujer, y ello ha sido fruto de un sentimental concepto de la convivencia, cerca de por medio, entre ellas dos. Una, la mujer, descansa en el porche sobre una mecedora, mientras la otra, la vaca, ramonea la hierba. Un mugido, una risa, y el triqui-traca incesante del mecerse, son el idioma con que las dos parece que se comunican.

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La rama cortada

A finales de los años cuarenta del pasado siglo XX Enguera vivió un extraño pasaje, que estuvo cercano a convertir la denominada partida de Las Turmas en lugar de peregrinación religiosa. Dicha partida se encuentra situada a unos tres kilómetros del pueblo, en la carretera que conduce al caserío de “Benali”.

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Año 1950

En los años cincuenta del siglo pasado también había quien tenía ideas geniales, ¡incluso algunas se publicaban! Hoy hemos seleccionado dos pequeñas muestras de cómo se podía llegar no sólo a pensar sino, sobre todo, a escribir.

Por nuestra parte no hacemos sino mostrar dos pequeños reflejos de aquella Enguera que, como la de hoy, no se resigna a aceptar el papel que algunos le quieren asignar de convertirse en la reserva espiritual de no se sabe qué esencias.

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El tío Villa

Antes que el sol arranque los primeros destellos en el espejo del agua, o sobre el satinado mármol de la fuente, ya el Mercado ha cobrado vida. Y en él, el puesto de “Venta de Salazones”. Aquel puesto, (una mesa con mástiles para sostener el toldo que igual servía para los días de lluvia como para los de implacable sol del verano) como la blanca tela de un velero de tierra adentro, ya está allí, como todos los sábados de toda la vida. (Los sábados es el día de Mercado) Siempre ocupando la misma esquina de la misma plaza, salvo por obras o en días de feria.

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La reincidencia del recuerdo

Enguera es tierra de hombres y mujeres, que no se resignan a vivir marginados en su propio destino. Durante la ya larga historia de esta tierra, los enguerinos, han sabido adaptarse a los tiempos y sacar de ellos lo mejor, como lo demuestra la constante lucha contra los inconvenientes de una tierra flaca y sacarle cosechas para mantenerse, y aún para intercambiar mercancías con otros lugares. Viñas, olivos, algarrobos, almendros, y todo aquello que era endémico del secano mediterráneo. De los pinares de su extensa sierra, propiedad del pueblo, salió remedio para muchas carencias colectivas.

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Cada foto tiene su historia

… cada foto guarda sus recuerdos, y la que encabeza este escrito los tiene. Uno de los más entrañables, y tristes, es el de las ausencias. En la fotografía ya han desaparecido cuatro de los amigos que en ella están. Se fueron apenas iniciado el viaje por la madurez. Sirvan estas páginas para recordarles cincuenta años después de pasado lo aquí relatado.
Va por vosotros, amigos: Pedro Ballester, Rafael Aparicio, Miguel Vila y Francisco Gómez.

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Festín higuero

Con esta narración de la serie “Cosas del pasado”, el autor, a quien ya conocemos en el blog por su trabajo “El Telar manual” (nº. 31, de 22 de febrero), cambia el objeto de su enfoque, aunque no la temática: cosas enguerinas de la década de los cincuenta.

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San Antón de 1.949 y 53

Nuestro Blog se adhiere a las fiestas de San Antón con un número especial. En efecto, hoy hacemos un recorrido por algunas de las publicaciones que hemos podido rastrear de cómo se celebró la fiesta en cuatro o cincos momentos distintos del siglo pasado.

Así, el primer Documento nos relata cómo GUMERSINDO GUERRERO describía el San Antón de 1908 en el periódico “El Enguerino”.

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El campanero

Como dijimos en la introducción a este segundo trimestre Emilio Marín Tortosa nos deleitará con sus narraciones. Hoy comenzamos la publicación de su serie Historias modestas, qu é mismo define con estas palabras:

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Elegía a Pesahumos

La Redacción del blog ha decidido publicar esta Elegía a la Muerte de Pesahumos, aún a pesar del estado físico del Documento, por esta razón singular: nuestro gran Emilio Granero era un gran sentimental.

En efecto, conocido el óbito de su amigo, le surgen una serie de sentimientos desde lo más profundo de las entrañas. Sentimientos e imágenes literarias que pretendemos sean conocidos, especialmente, por quienes sólo identifican al gran escritor a través de los reiterados ditirambos que le dedicaran post-mortem.

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